Harta de oír por las esquinas que era fría, que su corazón era un pequeño bloque de hielo, decidió dejar ese estado de indiferencia y dar algo de calor a su vida.
Inocente, accedió a regalar todo lo que había guardado a aquel chico de mirada sencilla. Engulleron todo el amor posible, se atiborraron a besos y caricias. ¡La chica de hielo estaba irreconocible!
Pero como siempre ocurre, las cosas caen por su propio peso. Y comenzaron a comer de ese amor sin apetito. Tenían esa sensación pesada, de intentar tragar a la fuerza. Era lo que pasaba por comer tanto, supongo que aborrecieron esa comida.
Y después de un tiempo en ayunas, la pobre y cálida chica, volvía a tener un hambre voraz. Pero él, él parecía haber pedido ya el segundo plato.
Entonces, harta de esperar, harta de intentar que a él volviese a gustarle esa comida que algún día adoraron, volvió al pasado.
Decidió que ya no volvería a hacer la tonta, que nunca volvería a comer con tantas ganas ni un bocadito más de amor. Que con el corazón de hielo, todo era más fácil y se estaba mejor.
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martes, 17 de mayo de 2011
lunes, 21 de febrero de 2011
No me arrepiento de aquellos besos. Tampoco de los abrazos, de las caricias, de las miradas, y por supuesto tampoco de los "Te quiero" a todas horas.
No, no me arrepiento de los regalos, de las cartas, de las llamadas, o de las escapadas a ninguna parte.
Tampoco lo hago de las mentiras que contamos para poder huir juntos, que desencadenaban en miles de placeres y sonrisas indescriptibles de las que tampoco me arrepiento. No me arrepiento de ningunos de nuestros planes de futuros. De cómo sería nuestra casa, o cómo se llamarían nuestros tres hijos.
Y es que no me arrepiento de un sólo minuto de los que pasamos juntos. Incluso podría decir que no me arrepiento de los gritos, de las lágrimas, de los insultos. No, de eso tampoco, al fin y al cabo siempre nos llevaron a la reconciliación.
Pero ¿sabes? hay algo de lo que sí me arrepiento. Me arrepiento de las noches que pasé sin dormir pensando en qué hacía mal. De los días sin salir de casa entre lágrimas sin tener noticias tuyas. De las veces que pedí tu amor sin respuesta. Me arrepiento del tiempo que perdí tratando de encontrar una respuesta, tratando de saber por qué ya no me querías. Qué hacía mal. En qué fallaba. Me arrepiento de pensar que era yo la culpable.
Pero ahora, ahora echo la vista atrás y se que no fue así, que fue tu egoísmo y orgullo lo que destruyó todo lo que construimos.
Así, sólo me queda decirte gracias, gracias por hacerme sentir mal cuando tú sabías que era tu culpa. Cuando tú sabías que me hacías daño con tu silencio. Muchas gracias por aquellas noches rotas que pasé sola, gracias por todo. Pero sobre todo, gracias por hacer que haya aprendido, gracias por hacer que no vuelva a caer, o eso creo.
No, no me arrepiento de los regalos, de las cartas, de las llamadas, o de las escapadas a ninguna parte.
Tampoco lo hago de las mentiras que contamos para poder huir juntos, que desencadenaban en miles de placeres y sonrisas indescriptibles de las que tampoco me arrepiento. No me arrepiento de ningunos de nuestros planes de futuros. De cómo sería nuestra casa, o cómo se llamarían nuestros tres hijos.
Y es que no me arrepiento de un sólo minuto de los que pasamos juntos. Incluso podría decir que no me arrepiento de los gritos, de las lágrimas, de los insultos. No, de eso tampoco, al fin y al cabo siempre nos llevaron a la reconciliación.
Pero ¿sabes? hay algo de lo que sí me arrepiento. Me arrepiento de las noches que pasé sin dormir pensando en qué hacía mal. De los días sin salir de casa entre lágrimas sin tener noticias tuyas. De las veces que pedí tu amor sin respuesta. Me arrepiento del tiempo que perdí tratando de encontrar una respuesta, tratando de saber por qué ya no me querías. Qué hacía mal. En qué fallaba. Me arrepiento de pensar que era yo la culpable.
Pero ahora, ahora echo la vista atrás y se que no fue así, que fue tu egoísmo y orgullo lo que destruyó todo lo que construimos.
Así, sólo me queda decirte gracias, gracias por hacerme sentir mal cuando tú sabías que era tu culpa. Cuando tú sabías que me hacías daño con tu silencio. Muchas gracias por aquellas noches rotas que pasé sola, gracias por todo. Pero sobre todo, gracias por hacer que haya aprendido, gracias por hacer que no vuelva a caer, o eso creo.
miércoles, 16 de febrero de 2011
bang bang, you're dead
Qué quieres que te diga, la gente suele quejarse de no sentir nada. ¿Sí? Pues a mi me encanta, me encanta ser inmune a daños. Adoro que ya nada pueda sorprenderme. Lo siento si sueno fría, ya sabías que era la del corazón helado.
Pero ¿sabes? Antes quizá había algo de calor en mi, pero no, ya no. Ya estoy armada ante tus tonterías. Ya nada me afecta, te lo aseguro. Inténtalo, ya verás como fallas. Aunque a mi, a mi ya no me fallas, a mi ya me das igual.
Pero ¿sabes? Antes quizá había algo de calor en mi, pero no, ya no. Ya estoy armada ante tus tonterías. Ya nada me afecta, te lo aseguro. Inténtalo, ya verás como fallas. Aunque a mi, a mi ya no me fallas, a mi ya me das igual.
miércoles, 9 de febrero de 2011
ouch.
¿Sabes de esos días en los que no paras de pensar?, ¿en lo que tu cabeza no para de dar y dar vueltas?
La gente suele quejarse de ellos..
Pero eso es porque aún no conocen en los que eres incapaz de hacerlo. Tienes la mente tan nublada..
Y te duele pensar.
-hate it.
C.
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